Menu
RSS

Un engaño, una patraña

  • Published in Opinión

  • Notice: Undefined property: stdClass::$numOfComments in /home/63/77/3037763/web/templates/gk_news/html/com_k2/templates/default/category_item.php on line 54
    Be the first to comment!
  • Rate this item
    (10 votes)
  • Read: 121 times
Un engaño, una patraña - 5.0 out of 5 based on 10 votes

Por: Thania Vega de Plazas

Eso es la Justicia Especial para la Paz (J.E.P), donde prometieron libertad a militares y policías, muchos, injustamente detenidos en las cárceles colombianas, por haber cumplido con su sagrado deber constitucional de defender la patria del terrorismo de las FARC, el ELN y cuanta banda criminal participa del negocio del narcotráfico, combustible de todas las guerras.

Siempre lo advertimos desde el Centro Democrático, la Justicia Especial para la Paz, diseñada por las FARC, solo podía tener un resultado que era la persecución legal en contra de los hombres que no pudieron derrotar en armas, ahora vencidos política y jurídicamente; con tesis traídas de los cabellos, para obligarlos ante todo, a aceptar crímenes que no cometieron a cambio de su preciada libertad, divino tesoro que sé muy bien cuánto significa, sobre todo cuando se le priva de la libertad a una persona inocente.

Como senadora recibo a diario decenas de mensajes de hombres que están siendo víctimas de una justicia arreglada, y ahora de un sistema que no ofrece la más mínima garantía para que con la libertad puedan recuperar también su honor.

La J.E.P solo puede traer más persecución y resentimiento, pues los guerrilleros de las FARC no serán objeto de su propio sistema, por lo menos hasta ahora no ha comparecido el primer criminal de la guerrilla a ese aparato de presunta “justicia”.

Con profundo dolor leía un mensaje del Teniente Herrera, quien lleva 9 años privado de la libertad por dar de baja a un terrorista del frente 32; donde expresaba con desespero que firmó el acta de sometimiento a la JEP, desde hace varios meses, sin que se le conceda la libertad como se lo prometieron.

Dice el Teniente Herrera, quien representa el sentir de decenas de hombres de la Fuerza Pública privados de la libertad; “(…) ¡ustedes siempre tuvieron la razón nos engañaron!, y más adelante vamos a sufrir más, porque se va a devolver todo”.

Este es un grito de angustia, porque éste teniente como los demás hombres de Fuerza Pública, fueron víctimas de un burdo engaño, de una patraña, para darle legitimidad a la J.E.P que empieza a operar con el único objetivo de involucrar en procesos judiciales a la mayor cantidad de militares, policías, empresarios, docentes, periodistas y todo aquel considerado enemigo de la supuesta “paz”.

La libertad para los hombres de las Fuerzas Armadas es un sofisma, no una realidad como la quieren vender desde el mismo gobierno, pues mientras los terroristas de las FARC están en las calles de Colombia a punto de ser amnistiados e indultados, los hombres de la Fuerza Pública siguen en su gran mayoría clamando libertad.

Cifras del ministerio de la Defensa demuestran lo que digo con respecto a este engaño, pues a la fecha solo hay 622 miembros de Fuerza pública con libertad transitoria y condicionada; 611 del Ejército, 6 de la Armada y 5 de la Policía.

La lista en manos del Ministerio de la Defensa de estos hombres que se quieren someter a la Justicia Especial es de 1.787, de los cuales solo 1.000 tienen concepto favorable para llegar a la JEP y a su vez, solo 622 cuentan con su libertad como lo señalé.

Una vez más advierto que esa inconstitucional jurisdicción es el sistema de “justicia” revanchista que crearon las FARC con la ayuda del gobierno Santos, para tomar venganza sobre nuestras instituciones armadas.

… FIN…

Read more...

Tumaco

  • Published in Opinión

  • Notice: Undefined property: stdClass::$numOfComments in /home/63/77/3037763/web/templates/gk_news/html/com_k2/templates/default/category_item.php on line 54
    Be the first to comment!
  • Rate this item
    (7 votes)
  • Read: 89 times
Tumaco - 5.0 out of 5 based on 7 votes

Por Fernando Londoño Hoyos

Conocemos a fondo el paisaje natural y humano de Tumaco. Así que sabemos de lo que estamos hablando. Somos testigos de lo que pudo ser una grande empresa maderera, que dejaron quebrar un gobierno inepto y unos banqueros incapaces. Pero esa no es la historia. La reminiscencia venía solo para asegurar que no improvisamos sobre el tema y que tenemos todos los antecedentes de esta tragedia sin orillas.

Quebrada Maderas y Chapas de Nariño, en la que conocimos colombianos ilustres y resueltos como Oliverio Phillips Michelsen y Rogelio Villamizar Jaramillo, la región quedó a la deriva, dominada por una casta de políticos ladrones que toleraba un pueblo indolente, dedicado a la amarga tarea de sobrevivir. Hasta que le llegó algo mucho peor que la miseria que soportaba. Llegó la cocaína.

En Tumaco se desarrollaron proyectos de envergadura, como la siembra de camarones, estruendoso fracaso que contrasta con el éxito impresionante que tuvo unos kilómetros al sur, en el Ecuador, e imponentes plantaciones de palma de aceite, destruidas por la pudrición del cogollo, plaga que no ha podido ser desterrada de Colombia. Los camarones se fueron para siempre. Los empresarios de la palma volvieron a la carga, confiados en avances agrológicos, esperanzadores y serios. Nada más.

Y decíamos que llegó la cocaína, con su cortejo de horrores. Llegaron capitales sucios, movidos por almas peores que los capitales, gente armada que no se conocía por esos contornos, malas costumbres prendidas de la plata fácil, muertes y crueldades. Tumaco cambió, quién sabe si para siempre.

Las cifras admitidas por un Gobierno tan tramposo como cabe, hablan de 25.000 hectáreas de coca sembrada, que pueden valer por una producción de 150 toneladas de cocaína al año. Esas 150 toneladas son 150.000 kilos que se pagan a cinco millones de pesos cada uno, para un ingreso total de setecientos cincuenta mil millones de pesos anuales o de sesenta y dos mil quinientos millones de pesos mensuales.

Si el DANE hace la cuenta del desempleo en Tumaco, muy ufano dirá que es inexistente. Porque en ese mar de cocaína y dinero no habrá nadie que no reciba algún ingreso que se califique como resultado de un empleo. La Fiscalía tendrá otra cuenta, para descubrir que la tasa de homicidios es de las más altas del mundo; el Ministerio de Salud descubrirá que las enfermedades cardiovasculares, de transmisión sexual y otras vecinas, son aterradoras; el de Educación encontrará gigantesca la deserción escolar y la Policía se declarará impotente para contener la criminalidad. Mientras tanto, el Ministro del Posconflicto y el de Agricultura se partirán la cabeza preguntándose qué negocio se le propone a los campesinos que haciendo casi nada se ganan semejante cantidad de dinero.

No hay que posar de sociólogos para adivinar que una comunidad que vive literalmente del delito es por todo refractaria a cualquier estudio de valores prevalentes, a cualquier tipo de orden, a cualquier forma de convivencia razonable. Tumaco, y las regiones que se le parecen en Colombia, que son muchas, son infiernos enriquecidos.

Apenas un charlatán como el General Naranjo es capaz de decir que erradicará la coca para que los tumaqueños desarrollen cultivos alternativos. Naranjo no ha hecho una cuenta nunca, bien se le nota. Porque el problema de las alternativas es un problema de pesos y centavos, máxime para un pueblo al que le han robado cualquier sentido del deber ser, de la dignidad, del decoro, del respeto por un Estado que lo ha conducido por esos despeñaderos del lucro fácil, del desorden absoluto, de la violencia como sistema.

La tragedia que hoy nos rompe el corazón, la muerte de más de ocho personas y las heridas que sufrieron veinte más, no es un episodio aislado, un hecho singular y separado de su contexto trágico. En Tumaco muere más gente cada día, despojada de cualquier principio válido de vida que valga la pena. Eso es lo que Naranjo no sabe. O lo que no le importa a Naranjo ni a nadie.

Este panorama de miserias es el resultado de una política, probablemente consciente y seguramente estúpida. Porque Santos olvidó, para congraciarse con las FARC, los grandes beneficiarios de esta empresa criminal, que la cocaína es el combustible de todas las guerras, el principio de todas las maldiciones, la causa de todos los desastres. Las FARC pusieron la cocaína como condición para el Premio Nobel y Santos aceptó sin vacilaciones. Y el precio de esta infamia es la cascada de desgracias que estamos padeciendo.

Colombia es un país herido de muerte. Los diagnósticos de los candidatos a la Presidencia, si no empiezan por donde deben no pasarán de castillos levantados en el aire. Si no se recupera el terreno perdido en la lucha contra el narcotráfico, lo que se diga de cualquier otra cosa es perder el tiempo, irreparable y miserablemente.

 

Read more...

La mancha negra

  • Published in Opinión

  • Notice: Undefined property: stdClass::$numOfComments in /home/63/77/3037763/web/templates/gk_news/html/com_k2/templates/default/category_item.php on line 54
    Be the first to comment!
  • Rate this item
    (11 votes)
  • Read: 119 times
La mancha negra - 4.6 out of 5 based on 11 votes

Por Fernando Londoño Hoyos

Gigantesca macha negra corre sobre los lomos del Catatumbo, envenenando los peces, matando la flora y la fauna de las riberas y amenazando en su paso siniestro hasta el Lago de Maracaibo.

Mirando aquella devastación nos vino a la mente lo ocurrido en aquel 23 de marzo de 1.989, cuando un buque petrolero de la EXXON, el VALDEZ, se estrelló en Alaska, por culpa de un capitán beodo y de tres oficiales vencidos por el cansancio y el sueño. ¡Lo que fue aquél escándalo universal! No hubo Partido Verde, ni ONG ambiental, ni periódico, ni revista que no se ocupara de esa tragedia, que todavía hoy repercute en la conciencia de la opinión pública.

La indignación no tuvo límites y se calmó muy poco con las inversiones colosales de la EXXON para mitigar el impacto de ese derrame, y no bastó a reducirla la condena que por cinco mil millones de dólares impusieron los jueces norteamericanos a esa compañía, como pena compensatoria por los daños causados.

Pues tenemos, mis queridos amigos, que el vertimiento de la EXXON no llegó a diez millones de galones de crudo, por supuesto cantidad enorme y catastrófica. El ELN, no por accidente, sino por infame canallada repetida centenares de veces con la intención dolosa de dañar, está llegando a derrames que montan setenta millones de galones, siete veces lo de aquel recordado desastre. ¡Siete veces!

Los daños ecológicos causados por esta pandilla no están para medidos ni descritos. Exceden nuestra imaginación y superan nuestra capacidad de crítica. La nuestra. Porque no hay Partido Verde que proteste, ni ONG que se queje, ni opinión pública que se conmueva. Al contrario, todos parecen muy felices con el desenlace: estos criminales van a ser descaradamente premiados por el Gobierno de Santos. La Academia Sueca pedirá a Gabino para premiarlo con otro Nobel y se lamentará que no esté vivo el Cura Pérez para subirlo a los altares de la admiración universal.

Para impedir que los abnegados servidores de Ecopetrol obren con presteza y mitiguen cada una de esas afrentas a la naturaleza, el ELN se ha cuidado de minar los alrededores de sus ataques. El último cálculo, que debe ser conservador, habla de 750 personas destrozadas por esas bombas, tan diestramente sembradas.

A estas hazañas por la democracia nueva que ahora nacerá en Colombia, quedan por sumarle tantas otras de las que no hay cuenta. Solo en Machuca, en un acto parecido cometido sobre otro oleoducto, el ELN dejó 84 personas calcinadas y 30 más con gravísimas quemaduras. Se pierde en la memoria adolorida del país el número de secuestrados, rescatados como en las épocas de los piratas del Mediterráneo, o asesinados sin compasión. Los policías y soldados emboscados, heridos y muertos no caben en ninguna estadística. Los colombianos asesinados a mansalva suman millares, algunos tan ilustres como el Obispo Beato Jaramillo y los más sin quién los recuerde ni los llore. Y para concluir este remembranza adolorida, el ELN está dedicado, en jornada continua, al lucrativo negocio de la cocaína.

No se dirán cortos los méritos de estos sinvergüenzas para hablar de paz con los delegados de este gobierno de bandidos. Tal para cual, dice el viejo refrán.

El ELN comenzará por donde terminaron las FARC. Ni un día de cárcel, por supuesto; de extradición a los Estados Unidos, ni hablar; de indemnizaciones a las víctimas, que equivalgan a reconocer errores en su lucha sacrosanta; de remuneración a sus “combatientes”, nada menor que a los otros; curules gratuitas a discreción y ni una menos de 20 emisoras FM para educar el país.

Ese será el comienzo. Porque a partir de ahí, ya lo han dicho, a discutir lo que interesa. El diseño social y económico de esta Colombia perversa, que no ha hecho hasta ahora nada suficiente para merecer semejantes campeones de la justicia, la democracia y la paz. El nuevo modelo se pondrá sobre la mesa para que Juan Camilo Restrepo y “coca” Naranjo lo negocien a nombre de los 49 millones de imbéciles que nos dejamos montar la comedia. Y después, para qué plebiscito cuando se sabe lo que con los plebiscitos pasa. Un Congreso abyecto cambiará la Constitución, con el aplauso de la mayoría de la Corte Constitucional. Para eso los elegimos, les recordará Santos.

Debemos confesar cierta curiosidad malsana. ¿Qué se les ocurrirá a estos canallas del ELN para proponer? Desde luego que irán más lejos que las FARC. ¿Pero cuántos y por dónde vendrán los tiros? Nadie sabe. En la mente de los criminales cabe cualquier cosa. Y en la cobardía de los cobardes, cualquiera otra. Por eso, Santos, Restrepo y Naranjo aceptarán lo que venga. ¿Sería mucho pedir que lo digan en menos de trescientas páginas? Mientras tanto, la gran mancha negra sigue corriendo Catatumbo abajo………

 

Read more...
Subscribe to this RSS feed