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Nos derogaron la Constitución

Nos derogaron la Constitución - 5.0 out of 5 based on 4 votes

Por: Elkin Herrera.

Abogado Constitucionalista

 

“…las constituciones han sido el tratado de paz impuesto por el vencedor al vencido en el conflicto y, al mismo tiempo, al resto de los habitantes”

Andrés De Zubiría Samper

Reforma y Contrarreforma (1996)

 

El círculo vicioso “Constitución-guerra-Constitución”, fue la causa de la volatilidad de nuestro constitucionalismo durante el siglo XIX (en un periodo de 65 años, el país tuvo 8 Constituciones nacionales) y la principal razón de la extraña fisionomía que en poco presentará la Constitución Política de 1991, será por cuenta de la fórmula inventada para el “blindaje jurídico” del Acuerdo Final entre el Gobierno y las FARC. 

A pesar de que, en estricto sentido, la Carta Constitucional continúa vigente, el sólo reconocimiento de jerarquía jurídica especial al texto de dicho "Acuerdo" conlleva su derogatoria implícita, en todo asunto en que resulte incompatible con éste. 

La experiencia ha demostrado que para el establecimiento de un nuevo orden jurídico no es necesaria la derogatoria expresa de la Constitución vigente; Basta con someter el ordenamiento constitucional y legal a normas con jerarquía superior, de modo que sea el propio sistema el que produzca en su interior el reacomodamiento o ajuste estructural que se desea. 

Quiero recordar que cuando la primera Junta Militar conformada por el General Jorge Rafael Videla, el Brigadier Orlando Agosti y el Almirante Emilio Massera asumió de facto el poder de la República Argentina, en marzo de 1976, instauró un nuevo orden jurídico sin derogar la Constitución de 1853. En cambio, incorporó al ordenamiento un instrumento supraconstitucional (El Estatuto para la Reorganización Nacional), que condicionó el contenido y alcance material de la normatividad vigente de todo nivel, así como la actividad de los órganos y autoridades públicas, acorde con el propósito y los objetivos básicos del gobierno militar.   

El texto del proyecto de Acto Legislativo "01/2016 Senado – 07/2017 Cámara, por medio del cual se adiciona un artículo transitorio a la Constitución con el propósito de dar estabilidad y seguridad jurídica al Acuerdo Final para terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera", que está en conciliación en ambas Cámaras legislativas, tras su aprobación en sus cuatro debates, producirá idénticos efectos. A partir de su promulgación, y por espacio de tres periodos presidenciales (2018-2030), la integridad de lo acordado entre el Gobierno y las FARC constituirá obligatorio parámetro de “interpretación y referente de desarrollo y validez de las normas y leyes de implementación y desarrollo del Acuerdo Final”. 

Con ello, se condiciona el contenido y aplicación práctica de las normas constitucionales, legales y reglamentarias, actuales y futuras, haciendo del Acuerdo Final un cuerpo normativo supraconstitucional, contentivo de disposiciones producidas fuera del seno del legislativo, que escapan, por tanto, a los controles políticos, sociales y judiciales a los que está sometida cualquier otra norma jurídica. 

Así como no se hace necesaria la derogatoria formal de la Constitución Política, tampoco lo es la alusión directa al “Bloque de Constitucionalidad” que hace el artículo 4º del Acto Legislativo 01 de 2016, para entender que lo pactado en el Acuerdo Final limita el sistema jurídico colombiano y la actividad del Estado, sus autoridades y la de los particulares, en función de una nueva realidad constitucional, diseñada fuera de los cauces democráticos establecidos. 

En consecuencia, una vez se promulgue el Acto Legislativo que blinda dicho "Acuerdo", mal podrá afirmarse que la Constitución Política de 1991 ha muerto, como lo declaró el Presidente Rafael Núñez respecto de la Carta de 1863; más bien, y peor aún, habrá de declararse su pérdida de jerarquía normativa, como norma de normas del ordenamiento colombiano.

Así, el blindaje del "Acuerdo" Final significará la degradación jurídica de nuestra Carta Política, pese a preservar su vigencia formal.

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Venezuela: se nos arruga el corazón

Venezuela: se nos arruga el corazón - 5.0 out of 5 based on 2 votes

Tú, Venezuela, a la que Dios le dio más que a todos los pueblos de la tierra, para que fueras grande, rica, digna y feliz, no puedes estar postrada, humillada, envilecida y empobrecida como te vemos con dolor sin consuelo.

Una pandilla siniestra, que robaba tanto como lanzaba gritos de Justicia, de Honor y de Igualdad, acabó con lo que eras y ha comprometido tu porvenir hasta los límites de lo indecible.

Esa partida de trúhanes gozó de petróleo a más de cien dólares el barril, cuando producías tres y medio millones por jornada. Te caían del cielo, o mejor, brotaban del fondo de tus entrañas trescientos cincuenta millones de dólares por día, más de cien mil millones por año. Con qué haber construido el pueblo más grande de América. Sin grandes hazañas, apenas con un poco de cordura y de decencia, hubieras podido convertirte en la gran potencia industrial, el gran emporio agrícola y ganadero, el centro cultural de toda esta América. Y por supuesto en la más bella experiencia social del mundo.

A las puertas de los Estados Unidos, capaces de comprarte cuanto les quisieras vender, con costas inmensas, llanuras fecundas, montañas generosas, nada podía faltarte. Nada.

El robo de Venezuela no tiene parangón en la Historia. Sus reservas comprobadas de petróleo son las mayores del mundo, y las tiene a dos horas de avión del más grande comprador. Aplicada con algún juicio a la tarea de aprovecharlo, hubieras cambiado, Venezuela, el ritmo de la Historia. Tus ventajas comparativas eran insuperables para producir y vender el oro negro, pero no se daba semejante riqueza infinita en un desierto, lejos de todo, como en los países árabes. Los desarrollos industriales de Singapur, Taiwán, Corea y Hong Kong, los de Japón y aún de la China, te habrían cedido el paso. Estabas llamada a ser  el centro del mundo.

¡Pero lo que puede la demagogia, ese demonio que Aristóteles y Santo Tomás, hace ya tantos siglos, describieron como la perversión de la democracia!  Al principio creímos que no era más que torpeza la que hacía posible dilapidar esa enorme fortuna, volverla añicos entre discursos prepotentes e imbéciles. En el momento cenital de tu devenir histórico, quedabas, Venezuela, en manos de un sujeto mediocre, lleno de ínfulas y enfermo de figuración, de vanidad, de apetito de poder. Si solo de eso se trataba, el remedio era simple y no tardaría en aparecer.

Pero el asunto era más grave de lo que podíamos imaginar. Porque detrás de ese aparato melodramático, había una conspiración mucho más densa y desgraciadamente mortal. El títere venía manejado por manos infinitamente ávidas y mentes por igual perversas. Fidel Castro era como el Maese Pedro de Chávez, ese mequetrefe que se creyó un cuento para darle nuevas oportunidades de subsistencia a la demoníaca perorata comunista. Y te pusieron a soportar a Cuba, Venezuela amada, y a soportar su discurso y su ambición. Así que saliste a regalar petróleo, sin entender que estabas destruyendo el presente y comprometiendo el porvenir de tu pueblo. Fuiste el instrumento de la demagogia continental, en nombre del que llamaron Socialismo del Siglo XXI, la disculpa para arruinarte, para envilecerte y para dejarte en la miseria.

En medio de ese frenesí pasional y estúpido, aparecieron los ladrones, que siempre acechan entre las miasmas de la ineptitud, las bajas pasiones, los apetitos del narcisismo. Y te robaron lo que tenías.

Y sobre todo, te robaron el futuro. Tus gigantescas reservas petroleras se quedaron enterradas, para gozo de los productores y de los aprovechadores del mercado. Y tus posibilidades infinitas de crecimiento industrial, de desarrollo agrícola, de evolución tecnológica, sacrificadas en el altar de los odios, la incompetencia, el desorden de cualquier comunismo.

Cuando vemos esos desfiles interminables de venezolanos que darían cualquier cosa por llevar a sus hijos un bocado de pan, pensamos en todas estas cosas. Esos seres angustiados, destruidos, empobrecidos, debían ser los más ricos de la tierra, los más prósperos, los de más brillante porvenir. Y es entonces cuando se nos acaba de arrugar el corazón.

Las escenas que nos llegan de la Patria de Bolívar, el más grande hombre que engendró América, fueran en todo caso una tortura. Las madres que ven morir de hambre a sus hijos, los jóvenes sin horizonte, los campos yermos, las industrias en ruinas, compondrán siempre un paisaje desolador. Pero cuando vienen de un país infinitamente rico, al dolor se suma la rabia sin orillas. Venezuela: ¿qué más podemos decirte, sino que verte nos arruga el corazón? Tal vez, que puedes estar segura de que haríamos y daríamos cualquier cosa por salvarte, por restituirte en tus derechos, porque vuelvas a ser lo que mereces: la más grande, más bella y más feliz Nación de América.

 

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LO QUE NOS DA LA GANA

LO QUE NOS DA LA GANA - 3.8 out of 5 based on 11 votes

Es posible que entre tanta santa palabra se nos haya pasado desapercibido uno de los hechos más graves de nuestra historia reciente. Y es el de la formación inequívoca de una republiqueta independiente en la región de Tumaco.

Los llamados campesinos cocaleros, mafia pura conectada con las de Centroamérica y México, se han declarado en rebeldía y le ganaron la partida al Estado que los impulsó, ayudó, toleró, y ahora hace gestos de desespero porque no puede controlarlos.

En Tumaco mandan ellos. Hacen lo que les da la gana. Y eso que les da la gana es producir cocaína a todo vapor y comercializarla al interior, para nuestras felices “ollas”, y al exterior, para ganar fabulosa cantidad de dinero, armarse y seguir haciendo lo que les da la gana.

Cifras sin contradicción oficial revelan que en esa zona hay por lo menos 25.000 hectáreas sembradas de coca, con una producción estimada de cien toneladas métricas de cocaína al año. Como el polvito blanco lo negocian a cinco millones de pesos por kilo, los campesinos de nuestro cuento se echan al bolsillo cinco billones de pesos anuales. Ni para qué contar los ingresos aledaños por explotación de oro, por secuestros o extorsiones o por peajes cobrados a productos de zonas que pasan por sus linderos camino del Pacífico. Para qué.

Esos nuevos potentados tienen más que en jaque a las autoridades. Lo último que hicieron fue imponer para Semana Santa un pico y placa, permitiendo el tránsito hacia el Municipio y vecindades en determinados días a determinadas horas. Por fuera de ese calendario, a Tumaco y de Tumaco no entra ni sale nadie.

Como la Policía hizo el simulacro de intentar la erradicación manual de unas matas, en señal de protesta quemaron tres retro excavadoras de los ingenieros que construyen la carretera que iría al Ecuador. Y ya entrados en gastos, han quemado camiones de carga a la vista de la policía y del ejército, sin que les pase nada a los pirómanos, por supuesto.

Para llegar a tal grado de arrogancia y descaro, los tales campesinos han pasado por reflexiones elementales y contundentes.

Cuando la siembra y venta de coca y cocaína estaban prohibidas, el Gobierno regaba desde el aire cantidades de glifosato que tenían a raya la producción. Si dejó de hacerlo, es porque el negocio es lícito.

Cuando un cocalero caía en manos de la Policía, iba a parar a una cárcel de Los Estados Unidos, si alguna Corte lo pedía en extradición. Como ese tratamiento desapareció y aquí no nos persigue nadie, es porque no incurrimos en delito alguno.

Cuando la cosa estaba grave, cuidábamos la zona armados hasta los dientes, pero corríamos el riego de los bombardeos aéreos y la acción de las brigadas anti narcóticos. Como eso está prohibido, es porque ha quedado permitido lo que hacemos.

En esos malos tiempos, si el negocio se lograba venían jueces muy adustos y nos quitaban el producido en un santiamén, con acciones que llamaban de extinción de dominio. Eso se acabó. Luego nuestra plata no es mala.

Sabemos de primera mano que nuestros amigos y socios de las FARC hicieron elegir Vice Presidente a un nuevo amigo suyo, un tal general Oscar Naranjo, a quienes llamaban afectuosamente el General “Coca” Naranjo. Por donde sacamos en limpio que es la hora nuestra. Ese General Vicepresidente vino por aquí en plan de amigos y en plan de amigos le hicimos saber que aquí mandamos nosotros, que hacemos la que se nos da la gana y que cuidado con ponerse de malas pulgas. Con todo lo que sabemos y con el poder que nos han dado, más vale que se quede, como está, calladito, calladito.

Aunque no lo sepan nuestros compatriotas, la región de Tumaco es muy valiosa para la Nación. Inclusive contiene importantes cultivos de palma de aceite, con los que también hacen los cocaleros lo que les da la gana. Camino hacia el Japón, la China, todo el sudeste asiático, debiera ser puerto de capital importancia. Y en la frontera misma con el Ecuador y por ese camino en la vía para toda América del Sur, hablamos de una región estratégicamente imprescindible. Pero no es solamente por eso  que destacamos la gravedad de lo que allá ocurre.

La delincuencia está midiendo sus armas, o tentando vado como suele decirse. Porque si en Tumaco hace lo que le da la gana, es porque puede hacer lo que le da la gana en cualquier parte. En Paramillo, en el Chocó, en el Catatumbo, en el Caquetá, en el Vaupés, en todo el Putumayo, en Arauca o en el Magdalena Medio.

Este Premio Nobel de farsa nos costó el país. Recobrarlo será tarea colosal. Cuando tengamos veinte tumacos, tendremos bien sabido lo que nos pasó.

 

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